Que es la conjuntiva
La conjuntiva es la fina membrana mucosa que cubre la superficie frontal del globo ocular (excepto la córnea) y la superficie interna de los párpados.
Su función principal es proteger el ojo, gracias al revestimiento que proporciona, de los cuerpos extraños y las infecciones. Además, esta estructura ocular anatómica ayuda a mantener la película lagrimal y facilita el deslizamiento de las dos superficies conjuntivales opuestas, evitando así la fricción durante el parpadeo.
La conjuntiva puede ser escenario de numerosos procesos patológicos: inflamación (conjuntivitis), malformaciones congénitas, neoplasias benignas o malignas, cambios distróficos y enfermedades degenerativas. Además, la conjuntiva se ve afectada por diversos trastornos del organismo en general, como enfermedades infecciosas, reacciones alérgicas y trastornos metabólicos.
Estructura
La conjuntiva es una membrana mucosa, casi completamente transparente, bien vascularizada y abundantemente inervada por filamentos del trigémino (llamados nervios ciliares).
Histológicamente, el pliegue conjuntival está formado por células epiteliales (epitelio columnar y escamoso), dispuestas en 2-5 capas, y estroma (tejido conectivo). Además, existe un sistema glandular, formado principalmente por células caliciformes que contienen gránulos de mucina y producen la capa mucosa de la película lagrimal.
La conjuntiva puede dividirse en 3 partes anatómicas:
- Conjuntiva del párpado (o del tarso): formada por un epitelio cilíndrico, es una membrana fina, transparente, roja o rosada. A continuación de la piel, la capa conjuntival comienza en el borde libre de los párpados y luego cubre la cara posterior de los tarsos, a los que se adhiere estrechamente.
- Bulbar conjuntival (o escleral): es la parte de la tonaca conjuntival que se aplica al globo ocular y cubre la superficie anterior de la esclera, excepto la porción corneal. Formada por un epitelio pavimentoso, la conjuntiva bulbar descansa débilmente sobre una lámina propia de un tejido conectivo laxo. La tonaca conjuntival bulbar es lisa, muy fina y tan transparente que puede verse el color blanco de la esclerótica y de los vasos conjuntivales y ciliares anteriores. En posición medial, pues, la conjuntiva tarsal alberga los puntos lagrimales superior e inferior, que representan el inicio de las vías lagrimales.
- Conjuntiva de los fornices: a nivel del espacio entre los párpados y el globo ocular, la membrana conjuntival se pliega y recubre los fornices superior e inferior, permitiendo la libertad de movimiento del bulbo.
Saco conjuntival
En su conjunto, la conjuntiva forma una especie de "bolsa", resultante del plegado de la membrana bulbar (que cubre el ojo) y la membrana palpebral (que se adhiere a la parte interna de los párpados). El saco conjuntival está cerrado cuando los márgenes libres de los párpados entran en contacto durante el parpadeo, mientras que se comunica con el exterior cuando la fisura palpebral está abierta.
Carúncula lagrimal y pliegue semilunar de la conjuntiva.
En el ángulo interno de la fisura palpebral hay dos formaciones que representan rudimentos de estructuras embrionarias: el pliegue semilunar y la carúncula lagrimal.
La plica semilunar es un pliegue vertical de la conjuntiva bulbar, cuyo borde libre es cóncavo. Se extiende desde el fórnix superior al inferior de la conjuntiva, pero sólo es visible en su porción media, estando en gran parte oculta por los párpados.
La carúncula lagrimal es una pequeña excrecencia mucosa, redondeada y rosada, situada entre las porciones lagrimales de los márgenes del párpado; contiene un denso estroma conectivo, atravesado por varios haces de células musculares lisas y estriadas. La carúncula lagrimal tiene folículos pilosos con pelos rudimentarios y glándulas sebáceas adheridas. También contiene glándulas lagrimales accesorias.
Funciones
La conjuntiva tiene la función principal de proteger la superficie frontal del ojo.
Además, facilita el deslizamiento de los párpados durante el parpadeo y permite que el globo ocular se mueva sin fricción en su superficie, gracias a la secreción del componente de mucina de la película lagrimal (una especie de moco viscoso que protege la córnea y permite la estratificación de la parte acuosa preeminente de las lágrimas).
La conjuntiva contiene, de hecho, glándulas serosas, glándulas mucíparas (o células caliciformes que secretan moco) y glándulas lagrimales accesorias (de Krause y de Ciaccio). Estas estructuras descargan su secreción en el saco conjuntival, ayudando así a mantener la superficie ocular húmeda, limpia e intacta.
Además de la protección física y biológica de las lágrimas, la conjuntiva tiene un sistema de defensa inmunológico mediado por elementos linfáticos, localizados principalmente en la porción tarsal (folículos linfáticos). Debido a su particular anatomía, el tejido conjuntival está especialmente expuesto a agentes externos como el polvo, el polen y las bacterias.
Hemorragia subconjuntival
La hemorragia subconjuntival se presenta como un punto rojo brillante, no asociado a otros signos de inflamación. Estas extravasaciones de sangre por debajo de la conjuntiva son el resultado de la rotura de la pared capilar y suelen producirse tras pequeños traumatismos, tos y estornudos (por ejemplo, durante una enfermedad de las vías respiratorias superiores). En algunos casos, la hemorragia subconjuntival puede ir acompañada de hipertensión arterial sistémica, discrasias sanguíneas y conjuntivitis víricas.
El trastorno tiende a resolverse espontáneamente en unos 15 días, por lo que no requiere tratamiento. En cualquier caso, es aconsejable consultar a su oftalmólogo para que le haga una valoración.
Cuerpo extraño conjuntival
La presencia de un cuerpo extraño en la conjuntiva provoca síntomas unilaterales, caracterizados por dolor, dificultad para mantener el ojo abierto, hiperemia conjuntival, lagrimeo y fotofobia.
Si se retienen a nivel del tarso, los cuerpos extraños pueden causar daños en la córnea debido al continuo roce del párpado durante el parpadeo. Por esta razón, deben eliminarse lo antes posible.
Degeneraciones conjuntivales
La pinguécula y el pterigión son degeneraciones benignas de la conjuntiva que aparecen como excrecencias adyacentes a la córnea. Ambas lesiones provocan enrojecimiento, irritación, sensación de cuerpo extraño y ardor.
Pinguécula
La pinguécula es una acumulación de colágeno degenerado, localizada en la conjuntiva nasal y temporal. Esta hipertrofia se presenta como una masa blanco-amarillenta, ligeramente elevada sobre la conjuntiva bulbar. La pinguécula puede aumentar de volumen, pero no recubre el tejido corneal ni afecta a los tejidos subyacentes. Sin embargo, puede causar irritación o problemas estéticos y, aunque rara vez es necesario, puede eliminarse fácilmente.
La pinguécula puede ser el resultado de la inflamación de la superficie ocular tras un traumatismo, quemaduras cáusticas y ulceración corneal periférica.
Pterigión
El pterigión es una pequeña formación fibrovascular de forma triangular causada por un crecimiento anormal de la conjuntiva bulbar. Esta lesión se extiende progresivamente hacia la córnea y la cubre. A diferencia de la pinguécula, el pterigión tiene sus propios vasos.
Esta lesión suele producirse en la parte nasal de la córnea y suele provocar una reducción de la agudeza visual, induciendo el astigmatismo. El pterigión puede distorsionar la superficie de la córnea, cambiando el poder de refracción del ojo.
La reducción de la visión determina la necesidad de extirpar la lesión quirúrgicamente, aunque las recidivas son muy frecuentes.
Las causas del pterigión aún se desconocen en parte, pero la exposición crónica a agentes irritantes (especialmente el sol y el viento) aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad.

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